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HÁBITOS SALUDABLES EN SALUD MENTAL. Vanesa Amigo. Psicóloga Nutricionista de Clínica Pérez-Espinosa

HÁBITOS SALUDABLES EN SALUD MENTAL. Vanesa Amigo. Psicóloga Nutricionista de Clínica Pérez-Espinosa

26 Abril 2018

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”.

Para poder resolver el problema de forma efectiva una dieta debería responder no solo a la pregunta de qué comer, y cuánto, sino a por qué se come, cómo se come y cuándo se come.

Ninguna comida es mala en principio. Lo que es malo es el uso que hacemos de ella, la cantidad en que la ingerimos y la forma en que comemos.

 

Lo ideal para mantener unos hábitos saludables es comer variado, comer cantidades razonables y hacer ejercicio.

 

Debemos tener en cuenta que comer sano no garantiza bajar de peso. Es importante vigilar las cantidades. Lo de “puedes comerte un pollo si quieres” es mentira.

Por otro lado, la estrategia de suprimir alimentos puede conllevar un coste. Por ejemplo, los vegetarianos suelen tener falta de hierro. Hay dos clases de hierro HEM y no HEM. El primero lo encontramos en los alimentos de origen animal y se absorbe casi en su totalidad. El segundo, que está en espinacas y legumbres no es tan fácil de absorber, y alimentos como el café y la cola inhiben dicha absorción. Por lo tanto si se suprime la ingesta de tipo animal  se tendrá menos hierro.

 

El objetivo primordial es establecer una relación óptima con la comida, con nuestra alimentación y, como consecuencia, bajar peso. Por lo tanto, tenemos una relación directa entre la buena relación con la comida y la bajada de peso.

 

¿Qué podemos hacer? Fabricar nuevos hábitos. Los hábitos suponen un ahorro en el gasto de voluntad, porque son automáticos.

- Para realizar un cambio hay que tener en cuenta cuatro elementos: querer, saber, poder y tener sentido

- Repetimos una conducta hasta que se transforma en hábito. Si repetimos esa conducta el suficientemente número de veces, la automatizamos, la interiorizamos.

     Muchas personas comen aunque no tengan hambre para llenar vacíos emocionales o para tapar aspectos de sí mismos que no quieren mostrar, porque o están aburridas, o se sientes solas, o no tienen relaciones satisfactorias, porque tienen un trabajo estresante, porque necesitan premiarse, para festejar algo, después de una larga jornada laboral, etc… Hay un sinfín de causas emocionales que generan ansiedad por la comida.

 

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